Una forma de iniciar al rol
El calor está matando la poca sombra que le queda a mi memoria así que me gustaría dejaros una idea que tuve para iniciar jugadores al rol y no morir en el intento. No estoy inventando la rueda, pero quizá a alguien le pueda servir antes de que me convierta en sorberte de sudor.
El comienzo
Mi arquetípica historia de cómo comencé a jugar al rol se reduce a darme de bruces con sistemas complejos que no llegaba a entender y enterrarlo hasta más ver. Pero los tambores resonaron con fuerza y el juego me llamaba desde alguna inhóspita caverna de la web.
Rápido y Fácil
Leí el manual y todo cobró sentido.
Vale. Bien. Típica, tierna y algo exagerada mi historia de cómo descubrí el rol.
¿Pero cómo conseguí jugadores?
Los voluntarios
De primeras tuve un grupo entregado a todas las historias roleras que nos inventábamos y que usábamos con el sistema de RyF. (De verdad, no me pagan pero estoy agradecido por todas las horas gratis de diversión con amigos sin tener que turnarnos el mando de la consola) Pero según pasaron los años los grupos evolucionaron. Parejas y nuevos amigos se unieron a los grupos pero no al rol y era algo que me picaba por descubrir qué les frenaba a dar el primer pasito a abrir el armario. Y lo que descubrí fue…
¡La ficha!
A varios potenciales jugadores les daba urticaria tener que elegir habilidades. Entonces se me ocurrió lo siguiente. Les pasé una servilleta y les pregunté:
– ¿Queréis jugar como si fuerais vosotros mismos o como alguien diferente?
– ¿Qué, aquí y ahora? -me interrogaron con ojos vidriosos y un tanto desafiantes.
– ¿Por qué no?- sonreí con fingida indiferencia. Disimulando que mis deditos de los pies estaban comenzando a bailar.
Y bailamos.
¡Al turrón!
Tanto si eligieron jugar fingiendo ser una idea simple de ellos mismos como de otro personaje les pregunté cuales eran sus puntos fuertes y débiles y en función a eso les daba un número a los atributos
Físico, Destreza, Inteligencia, Percepción (por aquellos años no usaba Carisma)
Cuando tenían los puntos repartidos en sus atributos les empecé a hacer preguntas relacionadas con la Unatarde (partida de una sola tarde o oneshot). Y les terminé preguntando.
¿Vuestro personaje se ve capaz de hacer muchas cosas (versátil) o se concentra en unas pocas que le salgan bien (especialista). Así decidía en mi servilleta (yo no iba a ser menos) quienes eran versátiles y quienes especialistas.
Comencé la historia. Por si a alguno le pica la curiosidad fue una versión de la aventura Proceso de selección descrita en el primer número de esta revista.
A medida que los jugadores narraban acciones y les tocaba lanzar dado les preguntaba:
– ¿Cómo de bien se le da a tu personaje esta habilidad?
Luego escribían la habilidad y si era de lo mejor que se le decía que escribiera un 5 y lo sumara a su Atributo asociado. Si se le daba muy bien pero no tanto: un 4. Si lo había practicado bastante: un 2 o 3. Si lo hacía regular: un 1. Si nunca lo había hecho o activamente no estaba dotado para hacerlo: un 0.
Una vez terminada la partida vieron su servilleta y les dije.
– Vale. Ahí tenéis vuestra primera ficha. Si queréis otra partida la podemos hacer con folio, bonita, ordenada y sabiendo de antemano cómo son vuestros personajes. ¡Bienvenidos a rol, jugadores!
Después esperé a los aplausos que en mi cabeza sonaban pero nunca llegaron. Lo que sí llegaron fueron más partidas con algunas de esas jugadoras. Escucharon los tambores y se adentraron conmigo en la jungla.
Gracias por tu tiempo para leerme y que siempre que puedas juegues con aquellas personas bonitas que te valorizan el día.
*Imagen seleccionada de Pixabay.com creada por elicesp